LAS DIFERENCIAS SON MÍNIMAS
El primer motivo es porque en la mayoría de las comparativas de cámaras el resultado final se sabe de antemano, y consiste en que o no hay diferencias, o éstas son mínimas.
Todas las marcas (Canon, Nikon, Sony, Olympus, Pentax, Fuji, etc.) juegan con las mismas reglas y con recursos parecidos. Utilizan el mismo saber tecnológico, unas tienen unas patentes y las otras tienen otras, se rifan los mismos ingenieros y, por ende, avanzan casi al unísono.
Ninguna marca de cámaras de fotos ha sido capaz de inventar algo que fuera considerado el “Santo Grial” de las cámaras y que las demás marcas no pudieran crear y lanzar al mercado enseguida. Todas van consiguiendo avances tecnológicos similares a ritmos más o menos parecidos.
Cuando una gran marca pone a la venta una increíble cámara réflex, tirada de precio, con 20 MP de resolución, las otras ya están haciendo lo mismo al mes siguiente.
Nos empeñamos en mirar especificaciones con lupa, no vaya a ser que la cámara A tenga un componente electrónico interno que supere al de la cámara B porque si no, uuuuuh, sería el fin del mundo, cuando en realidad todas ofrecen casi lo mismo.
Cuando realizamos comparativas de cámaras de un rango similar, creo que las diferencias, de haberlas, son mínimas, y no justifican el tiempo que dedicamos a analizarlas, como si lo que importara realmente fuera la cámara.
Todos sabemos que no es la cámara lo que importa, si no tú. El fotógrafo.
LAS COMPARATIVAS DE CÁMARAS SON INFINITAS
¿Qué pasa si comparas una cámara A con una cámara B y concluyes que la B es la mejor? ¿Te compras la B? Bien, pero ¿y si, minutos antes de que lleves a cabo esa compra, se te cruza delante una opción que no habías considerado, la cámara C? ¿Qué haces? Puesto que todavía no has hecho la compra, estarías a tiempo de comparar la cámara B con esa nueva cámara que acabas de descubrir, la C, o no?
Venga va, comparemos la B con la C.
Finalmente te quedas con la C. Te ha convencido. Menos mal que la viste justo antes de comprar la B, de lo contrario te hubieras arrepentido toda tu vida, claro que sí. ¡Qué horror! Ala, vamos a por la cámara C.
Después viene un amigo y te jura que comprando la C estarías cometiendo la mayor equivocación de tu vida. Él te recomienda la D. Si no le crees, al menos compara la C que ibas a comprar con la cámara D, la suya.
A ver si tu colega va a tener razón.
En psicología existe un efecto llamado “Parálisis por Análisis”. Te pones a analizar algo, y te lías ahí a analizar una y otra vez, y ahí te quedas, paralizado, incapaz de tomar una decisión. Cada vez que estás a punto de zanjar el tema, decides analizar el asunto “solo un poquito más”, como si el hecho de analizar las cosas te produjera algún tipo de placer.
Hoy día las opciones en materia de cámaras de fotos son infinitas. Por ejemplo, para un rango de cámaras réflex para fotógrafos principiantes hay tropecientas mil opciones. ¿Qué hacemos, las comparamos todas contra todas?
Me viene ahora mismo a la mente un famoso vídeo (creo que es libro también) llamado The Paradox of Choice (la paradoja de la elección). Es magnífico y te invito a que le eches un vistazo. Su idea principal es que, sea en el ámbito de vida que sea (restaurante, tienda de ropa, etc.), cuantas más opciones tengamos delante donde elegir, más difícil nos resulta realizar esa elección. Si te interesa puedes echar un vistazo a este vídeo.


